La estructura que lo sostiene todo.

¿Qué tal si ahora hablamos de infraestructura? Sí, señores, el título ya lo dice todo… ¿o quizás no? Como ya hemos comentado en entradas anteriores, la infraestructura se encarga de conectar los centros productores con los mercados. Algo que sin duda es crítico, puede resultar en un fracaso, como también hemos visto en entradas anteriores de magnitudes colosales. Pero bueno… en este blog se sigue una máxima, «O se gana, o se aprende», así que vamos a ello.

Los mercados y sus reglas son cambiantes y, a menudo, las infraestructuras suelen ser costosas de construir. Por este motivo suelen demandar de cantidades de inversión relativamente elevadas. Piensen, por ejemplo, en la construcción de una carretera o una red ferroviaria. Sin duda la utilidad práctica que pueda tener conectar a los habitantes de dos ciudades bien pueda merecer el hecho de su construcción pero… ¿realmente lo merece? Como comentábamos, se trata de asumir costes elevados confiando en que las economías de escala, estas en las que los costes unitarios disminuyen a medida que aumentan los usuarios de la mismas, disminuyan. ¿Qué sucedería en este caso si los habitantes de la ciudad A no utilizan la nueva infraestructura para trasladarse la ciudad B? ¿Cuál es el aliciente? ¿Qué alternativas tienen?

Recientemente hemos podido ver como el gaseoducto Nord-Stream que conectaba Rusia con Alemania ha sido destruido. Más allá de las implicaciones medioambientales, que ya les anticipo son dramáticas, el hecho de dinamitar de esta manera una infraestructura tan costosa implica un camino de no retorno. Algo así como lo que Hernán Cortés hizo al quemar sus naves tras arribar a la costa Mexicana. La declaración de intenciones, en ambos casos está clara.

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